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14 de Octubre 2004

Análisis del sospechosismo en México

Cartón del Fisgón para La Jornada


Estimado Lic. Russell Gonzáles:

“Las comunicaciones privadas son inviolables. La ley sancionará penalmente cualquier acto que atente contra la libertad y la privacía de las mismas. Exclusivamente la autoridad judicial federal, a petición de la autoridad federal que faculte la Ley o del titular del Ministerio Público de la autoridad federativa correspondiente, podrá autorizar la intervención de cualquier comunicación privada.”

Artículo 16, párrafo octavo, Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Qué bonito se lee. Qué clarito está ¿verdad? Pero, ¿por qué se ríe?

Sí, a veces uno se encuentra párrafos como el mencionado urgando por ahí en nuestra sacrosanta Constitución. Ahora que por tricentésimo quincuagésimo novena ocasión funcionarios públicos son víctimas de espionaje telefónico, a uno que es curioso le da por recordar esta ley y otras bagatelas.

Nuestro flamante Secretario de Gobernación, otrora modelo en cuanto a la pulcra utilización del lenguaje, en un acto de mexicanísimo chispoteo nos regala la palabra que parece describir a la perfección esta nueva temporada de la Comedia Política Nacional: El Sospechosismo (¡Uy!). Una pifia lingüística y ahora ya todo mundo tiene al Secretario de su puerquito: Sospechosismo por acá, sospechosismo por acullá. Dado que la sospecha es la acción y efecto de sospechar, veamos lo que nos dice la Real Academia acerca de dicho verbo:

"Sospechar (Del latín suspectare) 1. tr. Aprehender o imaginar una cosa por conjeturas fundadas en apariencias o visos de verdad. 2. itr. Desconfiar, dudar, recelar de una persona."

Aquí subrayo "conjeturas fundadas en apariencias o visos de verdad". Eah pues, quizá el genio involuntario del señor Santiago Creel nos haya otorgado un nuevo término para "aprehender o imaginar una cosa" pero no fundamentadas en visos de verdad, sino en visos de mentira, incertidumbre, pajaritos en alambres, declaracionitis, miradas feas, desayunos con el Jefe Diego y demás. Algo relacionado con la teoría del complot del inefable Andrés Manuel. Así, el sospechosismo sería una especie de sospecha de baja ralea, donde aplica aquello de "no confíes en nadie" y menos si se apellida Ahumada o Bejarano. ¿Que si soltaron a la Trevi? Sospechosista. ¿Que si agarraron a Ponce en el estado de Morelos para mantenerlo fuera del Distrito Federal? Muy sospechosista. ¿Que si un alto funcionario de Pemex se suicida arrojándose de la torre donde laboraba? Sospechosista, sospechosista, sospechosista.

Y hoy que al ciudadano común no le queda más que sospechosear, al único que veo riendo es a cierto señor tabasqueño que no, no despacha en el Zócalo. No sé porqué tengo la impresión que más temprano que tarde esa sonrisa se le va a borrar, cuando sus gallos se le salgan del corral.

Un abrazo,

Lic Osorio

Publicado por Lic Osorio 14 de Octubre 2004 a las 12:25 PM